El enojo: ¿fuego que destruye o que transforma?

 

De pronto un vendaval se mueve en tu interior, hay algo que no te gusta, que definitivamente ha movido algo en tí.

Cuando el investigador  Paul Ekman en 1972 clasificó como universal la expresión facial del enojo (además de otras emociones como miedo, alegría, tristeza, sorpresa) , estaba ratificando que tal expresión no depende de la cultura, sino que todas las personas del mundo sean del lugar que sean evidencian en sus rostros los mismos gestos: mirada fija, las cejas juntas y hacia abajo y tendencia a apretar los dientes; así entonces,  un rostro enojado es un rostro enojado, no habrá que hablar el mismo idioma, sólo bastará observar  el rostro y sabrás que emoción es, independientemente de que la persona sea de tu país o de cualquier otro lado del mundo ; frente a esto queda claro que tal emoción forma parte de nuestra naturaleza humana, y si tenemos  en cuenta que la naturaleza no crea nada sin motivo, no queda más que aceptar que alguna función tiene, sino ¿para qué?.

Entonces bien, primero vamos a diferenciar 2 aspectos importantes respecto a la aparición del enojo:

  • Hay algo en concreto ya sea situación o el comportamiento de una persona que se asocia directamente a la aparición del enojo en tí : Entonces será muy importante que veas la posibilidad de empezar alguna acción que facilite que dicha situación o comportamiento cambie; por ejemplo, si te sientes explotado en un trabajo, podrías hablar con tu jefe o recursos humanos para reclamar tus derechos, o empezar a planear la forma de conseguir otro trabajo o quizá crear tu propio negocio; entonces el mensaje que te dio el enojo obtiene alguna respuesta de tu parte, transformas tu realidad exterior.

 

  • Fijarte si eres fácilmente irritable o te enojas sin necesidad que haya un maltrato a tu persona o tus derechos: Aquí será muy importante que seas honesto contigo mismo para comenzar a ser más tolerante y menos duro contigo y con los demás. Por ejemplo, te fastidia que esa persona camine como lo hace o que el otro hable despacio, o piensas muy a menudo“ eso no debería ser así”; y vas por allí viendo  errores, queriendo corregir  a los demás o acumulando irritabilidad dentro de tí; aquí haz una pausa, pues hay cosas que escapan a tu control y es maravilloso que así sea, no has venido al mundo a cambiarlo sino a inspirarlo, conociéndote a tí mismo , haciendo  las cosas que más te gustan y  te apasionan, creyendo y potenciando tus fortalezas, aprendiendo de tus defectos y limitaciones con amor y sin juzgarte, sólo entonces verás que puedes realmente Ser tú mismo  y dejar Ser a quienes te rodean.

En ambos casos no te avergüences de lo que sientes, no intentes “controlarlo” o callarlo, tampoco se trata de que lo eches con violencia a los demás, pues lo más posible es que tus problemas se incrementen o después te sientas culpable.

Empieza a percatarte que está allí el enojo y acéptalo, a veces esa emoción quiere explotar como un volcán, aquí unos buenos puñetazos a la almohada podrían ayudarte para que esa emoción se exprese, sin dañarte, ni dañar a los demás saliendo de forma violenta; a solas, ya sea gritando, pataleando, o probando tu manera de realizar esa higiene emocional que igual a la corporal puedes realizarla de forma privada, expresándote hasta que sientas que es suficiente.

Ya sea en el primer caso, lo haces para soltar. y así luego, con más calma, replantearte cambios que hacer o personas con quienes conversar; así irás más liviano a solucionar las cosas. O en el segundo caso, para que esa emoción sea expresada  sin la necesidad que la reprimas haciéndote daño  o sin que pelees por cosas que no merecen la pena, y luego de esa catarsis puedas permitirte un cambio de perspectiva para estar más en armonía contigo mismo.

Un abrazo, nos vemos en el siguiente artículo.

Autora: Libia Oriana Patiño

Terapeuta en Mi Psicóloga Desde Casa

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