El cambio comienza en ti

 

Autora: M.A. Santana Sanz

Dir., coord y terapeuta en Mi Psicóloga Desde Casa

Cuántas ocasiones has querido que las cosas cambien… incluso que “él/ella» o «ellos/as” cambien sus actitudes para que todo mejore…, y no solo eso, sino que nos hemos creído con la potestad de poder hacerlo, hasta el punto de querer modificar sus actitudes diciéndoles «cómo deben ser» y «qué deben hacer» para que ambos seamos felices, pero ¿nos hemos observado primero a nosotros/as mismos/as? ¿Qué podemos cambiar nosotros/as para que esta situación varíe a nuestro favor sin necesidad de esperar a que la situación sea diferente o las otras personas decidan hacer algo diferente?

Desde la Terapia Gestáltica, concebimos 7 Principios para iniciar cambios personales y poder ver la vida de otro modo. Son principios que puedes aplicar a la vida cotidiana y que te explico a continuación:

  1. Estar en el presente:

La vida pasa…pero, “¿¡qué es lo que pasa!?”.

 Volver al Aquí y Ahora, a este lugar y en este mismo momento, es darte cuenta de que estás presente con tu cuerpo, tu mente y tus emociones.

Para saber realmente que es lo que sucede a nuestro alrededor, es necesario apartarnos del pensamiento pasado y/o el futuro, de aquellas ideaciones o recuerdos que vienen y divagan en la mente, de aquello que no está y no existe AQUÍ Y AHORA pero que retoma fuerza en el presente en forma de tristeza, ansiedad u otros síntomas anímicos o físicos incómodos y que nos puede costar gestionar. Para tomar las riendas de lo que pasa a nuestro alrededor soltamos el pasado y el futuro inexistente.

Si últimamente tu pensamiento está en otro lugar, te invito respires profundamente y mires a tu alrededor con una mirada descriptiva, con actitud curiosa, disfrutando de cada instante y de cada descubrimiento nuevo de Ti mismo/a y de tu alrededor.

  1. Privilegiar el sentir sobre el pensar.

Parece ser una de las mayores dificultades, ¿“sentir para después pensar” ?

Abrirnos a los sentidos y soltar los pensamientos es más difícil aún cuando vamos en piloto automático. No consiste en dejar de pensar, sino que prestes atención a lo que sientes, y esto que sientes puede ser anímico o físico pero ambos tienen su localización en el cuerpo. Si no puedes ubicar una emoción en tu cuerpo, no estarás sintiéndolo, estás pensando sobre ella.

Es importante no luchar contra aquellas emociones que surgen, permítete a partir de hoy aceptarlas y transitarlas tal y como surgen, sin pensarlo y sin necesidad de preguntarte: ¿por qué siento lo que siento?

Cuando sentimos, podemos emocionarnos, enfadarnos, frustrarnos e incluso una mezcla de todas ellas u otras emociones, si este es tu caso, a partir de hoy fíjate si puedes dejarlas fluir respirando profundamente y centrándote en tus emociones surgiendo en el momento presente, ocupándote de ellas y empezando de nuevo.

  1. Hablar en primera persona (autoexpresión)

Si nos prestamos atención y paramos a escucharnos a nosotros mismos/as, veremos cómo en muchas ocasiones tendemos a hablar de nosotros/as mismos/as en segunda persona o utilizando la autoetiqueta “uno”.

Hablar en segunda persona del singular o del plural cuando nos referimos a nosotros/as mismos es un mecanismo de defensa para amortigua la responsabilidad de nuestros actos y, al fin y al cabo, no hacernos cargo realmente de nosotros mismos y nuestros actos.

A partir de este momento, te invito observes como es tu lenguaje al referirte a tí mismo/a, si es tu caso, te invito comiences a hacerte cargo de tu lenguaje y para ello utilices los mensajes “Yo” para iniciar una descripción hacia ti mismo/a, te ayudará a centrarte en tu persona.

     4. Describir sin criticar ni enjuiciar ni interpretar la experiencia que tenemos

La tendencia a tratar de explicar los porqués, sobre todo si nos referimos a los otros/as, a criticar aquello que se hace o se dice si sacamos el foco de atención fuera de nosotros, criticando la actitud de los otros o nos criticamos continuamente a nosotros/as mismos/as, nos lleva lejos de enfocarnos en nuestras metas.

Frases como “¡Soy un desastre! ¡No me sale nada bien!”, “que torpe”, “¡parezco/ces tonta/o!” nos dañan continuamente tanto si las verbalizamos como si las pensamos en silencio. De igual manera sucede en la comunicación con los otros/a. Hoy es un estupendo día para frenar tales expresiones y comenzar a describir las experiencias sin juzgarlas ni criticarlas y disfrutando de ellas.

Trata de quedarte con lo que sientas respecto de alguien. Es absolutamente imposible que no sientas nada, pero en todo caso, si no consigues registrarlo, no cambies la situación, simplemente quédate desde este lugar contemplando, sin ponerse a juzgar acerca de sus cualidades buenas o malas. No le sirve a nadie, ni al juzgado ni a tí, sólo consiguen mantenerse alejados de sus propios sentimientos.

    5. Suprimir las expectativas y abrirse a las propuestas para poder entregarnos a la experiencia “tal como surge” sin maximizar ni minimizar la situación.

Transita cada momento sin esperar a llegar a algún lugar imaginario, sobre todo si llegar a este lugar no depende de ti. Esperar que las cosas que aún no suceden lleguen a ocurrir, nos puede llevar a la mayor situación de frustración que podamos imaginar, ya que aquello que deseo y quiero, no llega y probablemente está lejos de llegar…

Es importante poder entregarnos al momento presente transitándolo como un único momento, sin esperar que las cosas sucedan en cualquier otro instante que no sea el “Ahora”, vivir tal y como surgen los acontecimientos  nos ayudará a gestionar de forma más eficaz nuestras emociones.

A partir de hoy te invito a no esperar que las cosas sucedan, sino vivirlas en primera persona y esperar pacientemente a que aquello que tenga que suceder, suceda, con una actitud humilde y amable. Se flexible y permítete descubrir soluciones distintas a las habitualmente esperadas. 

Te invito a probar no minimizar lo que sientes ni amortigüarlo, no es lo mismo decir: «Me da rabia lo que dices«, que afirmar: «Siento un poquito de rabia«. Si es “poquito”, no vale la pena mencionarlo, y si es mucho, disfrazarlo sólo tiene por objeto impedir la rabia ajena. Permítete descubrir que algo nuevo es posible.

  1. No invadir el campo psíquico ni el nuestro ni el de otro/a, ni manipulando ni interrumpiendo

Cuando surge la tristeza, no siempre necesitamos consuelo, ni un abrazo, ni siquiera palabras tiernas, tampoco queremos que nos defiendan en una situación en la que necesitamos estar a solas con nuestro malestar contactando con nosotros/as mismo/a. Si alguien lo hizo y no quisimos, invadieron nuestro espacio psíquico. Es nuestra responsabilidad hacer entender a los otros/as que necesitamos respeten nuestro espacio, ya que de esta forma nos estaremos respetando a nosotros mismos/as.

También es invadir cuando usamos el lenguaje no verbal, como por ejemplo hacer «caritas» al otro para desviar su cabreo, impidiéndole expresar lo que siente.

Te invito trates de registrar qué rodeos das para no hacer algo o para impedir que suceda. Por ejemplo, hay quienes hacen el gesto de tragar reiteradamente o masticar fuerte con sus muelas para evitar llorar. Interrumpirse es realizar algún tipo de maniobra para evitar que una emoción siga su curso completo, que se resuelve en acción. Hoy te recomendamos transites tus emociones sin interrumpirlas. Soltando aquello que no necesitamos y llevamos dentro o “a cuestas” como una mochila.

La manipulación, en este caso, consiste en expresar, sin franqueza, una orden. Una conducta violatoria del otro/a, por cuanto le impide ejercer su voluntad con libertad, y se ve generalmente entrampado haciendo algo, sin darse cuenta si lo desea o no. El que lo manipula no se está haciendo responsable ni arriesga su relación con el otro.

Tanto interrumpir el espacio de las otras personas como el nuestro propio no nos permite centrarnos en nosotros mismos ni dejamos que los otros resuelvan sus dificultades, por tanto te invito que a partir de hoy evites interrumpir la experiencia de sentir.

  1. La importancia de no usar el discurso ni la disculpa para atemperar golpes:

 El modo más frecuente de atemperar golpes y por tanto no hacerse cargo de ellos, consiste en pronunciar un largo discurso lleno de circunloquios, para que lo que quiero decir se deslice sin que se note demasiado. Por ejemplo: «A veces, cuando te miro, me parece que algunas de tus actitudes no son todo lo lúcidas que creo que podrían llegar a ser«. ¿Qué ha dicho? Nada, probablemente la otra persona ni siquiera ha captado el sentido.

Otro modo de atemperar golpes es usar la disculpa, está íntimamente relacionado con hacerse responsable. Si te agredo y luego me disculpo, no te dejo libertad de agredirme. Creo una situación falsa. (Si bien en ocasiones disculparse es fundamental, por lo que este principio debe aplicarse con mucho sentido común).

Para aplicar los 7 principios básicos de la terapia gestáltica, se necesita un gran conocimiento de sí mismo/a y mucha confianza; por lo que en un primer momento , será difícil ponerlos en práctica. La clave está en no desesperar e irlos incorporando a nuestra cotidianidad poco a poco.

 

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